"Los sabios heredarán honra, más los necios llevarán ignominia"

(Proverbios 3:35)

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martes, 11 de abril de 2017

La Extraña #3

Por la mañana mientras desayunábamos, la observaba sin que ella se diera cuenta. Tenía movimientos torpes, imprecisos, y su mente parecía estar en cualquier lugar.

- ¡Alicia!

Ella volcó de un sobresalto el café con leche que se estaba enfriando en su taza. Y me quedó mirando fijo y con una respiración agitada como si hubiera corrido una maratón.

- Me asustaste. ¿Qué pasa?
- Eso mismo. ¿Qué pasa?
- Nada. No vuelvas a asustarme.

Se levantó apresurada. Tomó su cartera y sus llaves, y salió.
Me acerqué a la ventana y la vi caminando pensativa. Algo debía molestarla. No suele comportarse así. De los casi 6 años que estamos conviviendo nunca actuó de esta manera. Cuando se perdió de mi vista. Como un torpedo, agarré mi abrigo, mis llaves y salí detrás.

viernes, 30 de diciembre de 2016

La Extraña #2

- ¿Quien era? - Le pregunté, con el corazón martillandome percibiendo que algo malo estaba por suceder.

- Creo que debían estar haciendo una broma o esas estafas que suelen hacer por teléfono.

Mientras me hablaba sonaba creíble lo que me contaba, pero a la vez percibía que algo malo me ocultaba. Sus ojos brillaban con una intensidad que nunca había visto. Siempre se mostró tan segura y determinante en todo, y ahora parecía una lauchita blanca que está a punto de ser devorada por una serpiente. 

Colgó el teléfono, y me regaló una sonrisa para que olvidara el asunto. Cuando se me tendió y me rodeo con sus brazos, lo logró. Nos encontramos un beso, largo, pero ella extrañamente cerraba sus labios y me impedía que la bese con la lengua. Cuando finalizamos el beso, solo dijo...

- Vamos a dormir.

Le seguí la corriente. Ella fue hacia el baño, y yo me dirigí al dormitorio. Ahora confirmaba que a ella le pasaba algo.

sábado, 23 de julio de 2016

La Extraña #1


Ella era distinta. Era fuego y hielo a la vez. A veces, me derretía con su mirada. Otras, me enviaba al lugar más oscuro que pudiera imaginar. Simplemente creía conocerla, pero varias veces me había pasado que estuviera frente a una persona completamente extraña. 
Una noche que habíamos salido a cenar a un tranquilo restaurante del centro, le propuse caminar un rato. Al comienzo como que no le agradó mucho la idea, pero un poco a regañadientes aceptó. Pero algo parecía incomodarla y hasta asustarla, porque mientras caminábamos y hablábamos, ella no dejaba de mirar hacia los costados y a veces hacia atrás. Cuando llegamos a una esquina, nosotros nos disponíamos a cruzar y se escuchó una frenada aguda, con un chirrido molesto. Era un taxi que venía a gran velocidad y la luz roja lo sorprendió por completo. Ella parecía que se moría del miedo. 
Una vez que volvimos al departamento, mientras me sacaba el saco y me desabotonaba la camisa, me dirigía a la cocina, el teléfono comenzó a sonar. Ella atendió, y a los segundos, su rostro reflejó un pánico atroz, que enseguida me puso alerta.

martes, 31 de marzo de 2015

El Diablo sabe por Diablo... pero más sabe por viejo - Parte 3

De repente apareció una mesera, muy joven, que sin ser sensual era muy atractiva, y esbozaba una sonrisa carismática.
-         ¿Se va a servir algo el señor? – Preguntó la simpática mesera a Martín González.

-         Ehhmm… no sé. – La pregunta pareció agarrarlo por sorpresa a Martín.
-         Vamos hombre, es una simple pregunta. Siempre tiene que estar atento y con la guardia en alto. -  Recomendó esbozando una sonrisa Satanovski.
-         Ehmm, si, un café.
-         No, no. – Se apuró en interferir Satanovski – Que mi amigo se tome mi café, que está intacto, ni lo toque. Sin embargo a mi tráigame una copa de J&B Reserve, por favor. No sé cuánto tiempo me quede – Le guiñó un ojo a González – Tranquila, tomate tu tiempo hermosa.
-         Ya le traigo.
Se retiró sonriente, la simpática mesera. Mientras Satanovski le acercó el café a González, este estaba metiendo la mano en el mango de la pistola que tenía guardada en la cintura.
-         Tome tranquilo Martín González. Al menos concédale la última voluntad a este pobre viejo.

-         Voluntad concedida Satanovski – Prácticamente vació la taza de café de un sorbo – Disfrútelo.

-         Usted también Martín González – Dijo diabólicamente mientras lo miró como se tomaba la taza de café y la dejaba sobre la mesa.

-         Después de que se tome su copa Satanovski, dígale “Adiós” a la vida – Exclamó casi balbuceando González, con cierto malestar y mareo.

-         Sepa usted Martín González, que sus ayudantes y usted son unos completos inútiles. Seguramente ninguno le informó que me vieron sirviendo de mi petaca de plata dentro de la taza de café. Deben haber pensado que soy un adicto alcohólico – Mientras Satanovski le seguía hablando, González estaba más mareado y realizó algunas arcadas – Ni se debieron imaginar que lo llevo en la petaca es una dosis potenciada de cicuta. Y que la tengo en caso de ser secuestrado, para tomármela y morir al instante. Nunca pensé que iba a toparme con aficionados. Dígale “Adiós” a la vida, Martín González.


Cuando la mesera llegó con la copa solicitada por Satanovski, lo único que encontró al llegar a la mesa fue a Martín González muerto. Luego se supo que fue envenenado. A Satanovski jamás lo volvió a ver, aunque lo recordó por varios días, insultándolo, ya que el trago de J&B Reserve es carísimo y se lo descontaron a ella. Lo peor fue que arrestaron a la encargada, por haber puesto veneno en el café del cliente.

viernes, 12 de diciembre de 2014

El Diablo sabe por Diablo... pero más sabe por viejo - Parte 2

Satanovski alzó la vista, intrigado por quien mencionaba su apellido… falso obviamente, había usado tantos nombres y apellidos en su vida, que a veces le costaba trabajo recordar el original.
-         Sí, ¿Quién pregunta?
El tipo fornido se sentó a su lado en la mesa, y con una sonrisa burlona dibujada en el rostro, le extendió la mano para saludar.
-         Mucho gusto, Martín González.
Todavía, sin entender quien era el tipo que tenía enfrente ni que quería. Satanovski accedió al saludo, más por una cuestión formal que por otra cosa.
-         Usted dirá, Martín González.
-         Vea Satanovski, le voy a hablar sin rodeos… Vine acá para asesinarlo.
-         Ajá – Satanovski colocó el señalador en la hoja donde había dejado de leer, cerró el libro y se puso a escuchó con atención. – Mire usted que interesante. ¿Y a todas sus víctimas usted se le presenta como asesino o solo a mí?
-         En realidad me están poniendo a prueba. Y para pasar esta prueba, tengo que generar una vacante. No sé, si me explico.
-         Oh, sí. Claramente.
-         El simple hecho que me haya acercado a usted, es símbolo…
-         De idiotez
-         …de supremacía. Diría yo, Satanovski.
-         Depende la perspectiva.
-         Y me pidieron que demuestre que si me consideraba el mejor, que mate al mejor.
-         Qué gran halago, Martín González… ¿Es su verdadero nombre?
-         Exacto.
-         Y dígame Martín González, ¿Piensa entrar en este mundo usando tu verdadero nombre? – Preguntó irónicamente Satanovski.
González se quedó mirando fijamente a Satanovski sin tener que responderle, por dentro sentía que había perdido la iniciativa.
-         Tengo otra duda Martín González… ¿A tus ayudantes les pagan los que te están poniendo a prueba o sale de tu parte?

-         Yo no tengo ayudantes Satanovski. No los necesito. – Si bien González quería sonar firme y decidido, su tono de voz no sonó con la firmeza deseada.

-         Entonces avísele al corredor que pasó varias veces corriendo y mirándome sin ningún disimulo, que tiene la ropa muy nueva para simular ser un atleta profesional, ya debe estar muy agotado. Lo mismo a los que están mirando las vidrieras de ropa, ¿Todavía no se deciden cual comprar? Hace más de 20 minutos que están parados en el mismo local. ¿Tanta gente necesitas Martín González? Muy poco eficiente de tu parte. No vas a progresar nunca si le tenés que pagar a tantos ayudantes.

González miraba fijo al viejo, comiéndose los nervios. Mientras Satanovski lo miraba socarronamente. Hasta que no aguantó más y González se llevó el dedo índice a su oreja para activar la “cucaracha” e impartir órdenes.
-         Atención todos, escúchenme, atención todos… Retírense, repito, retírense. A partir de ahora me encargo yo solo.
Al cabo de un instante, quienes parecían ser simples transeúntes y que en realidad eran ayudantes de González comenzaron a retirarse.

-         Bien, ahora solo estamos nosotros Satanovski.

lunes, 11 de agosto de 2014

El Diablo sabe por Diablo... pero más sabe por viejo - Parte 1

Don Samuel Satanovski, de 79 años, pero que de apariencia parecía solo portar 56, vestido con un inmaculado traje gris oscuro con una fina camisa blanca, y de su corbata encandilaba el brillo del broche de oro que lucía. Sentado cruzado de piernas, disfrutaba plácidamente de dos de sus mayores placeres, tomar una taza de café negro con dos de azúcar, odiaba el edulcorante, y leer “El arte de la Guerra” de Sun Tzu. Ya que para él, este libro se había convertido en su Biblia, manual de vida y sabio consejero cuando se había sentido perdido, en su larguísima trayectoria como asesino profesional.

Como es su costumbre Samuel Satanovski disfruta siempre de las mesas ubicadas en la vereda, odia el encierro, aunque también odia a los mendigos que se acercan a la mesa pidiendo monedas. Pero entre el encierro y decir que “no”, prefería decir “no”, ya que en un punto lo disfrutaba también.

Mientras continuaba su lectura ve pasar por la vereda de enfrente un hombre de unos 36 años, de contextura muy maciza, pelo casi rapado, ropa nueva de gimnasia, y se puso a pensar que creyó haberlo visto pasar dos veces trotando. También observaba a algunas personas que miraban vidrieras cercanas. Se había quedado un instante pensativo hasta que, un segundo después, del bolsillo interno de su saco, sacó una pequeña petaca metálica y vació una buena cantidad de líquido dentro de la taza de café, mientras se reía como si fuera un niño haciendo una diablura.

De repente una sombra se presentó ante Satanovski, un tipo fornido, de unos 44 años, con aspecto de policía, vestido de jean azul, camisa a cuadros color bordo y de botas de cuero marrones.

- ¿Samuel Satanovski? – Preguntó el tipo fornido.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Reality Show


Joaquín Robles y María Eugenia Guerrero fueron finalistas de un horrible y casi desapercibido reality show para cantantes pop, que paso con más pena que gloria. Pero una vez que entraron en la casa y a medida que se fueron conociendo, se fueron dando cuenta que otra pasión se despertaba en ellos aparte de la música. Es así como no solo se dieron su primer beso frente a las cámaras, sino que también tuvieron relaciones, aunque para esto último fueron forzados por la producción.
Llego la final y los dos eran los candidatos, pero la envidia envenenó completamente la mente de Maria Eugenia porque sabía que Joaquín eras más carismático con el público y sus chances eran enormes sobre las de ella. Fue así como ella burlando las cámaras de la casa, colocó alcohol de quemar dentro del frasco de perfume con atomizador de Joaquín. Por la tarde anterior a la noche de gala las expectativas a los resultados eran enormes, la presión hacía explotar los nervios de los participantes. María Eugenia no se despegaba de Joaquín y se la pasaba roseándolo con el atomizador, hasta que no aguanto más, enciende un fósforo para prender la cocina y sin apagarlo se lo arroja a Joaquín completamente roseado de alcohol. El equipo de producción no puede creer lo que ve, tardan en reaccionar y antes de que entren a socorrer al incendiado participante, María Eugenia agarro el frasco y lo tiro contra el techo, por encima de Joaquín. Pequeñas partículas de vidrio se esparcieron por el suelo alfombrado y el resto del contenido inflamable hizo crecer en una enorme flama humana al joven cantante. Una vez extinguido el fuego ya nada quedaba de Joaquín, solo sus huesos. El equipo de producción caminaba por las paredes por el hecho, jamás se le cruzo por la cabeza tal psicopatía. Completamente fuera de sí, Maria Eugenia camino tranquila y fríamente coloco los huesos de Joaquín dentro de una bolsa de consorcio, cuando termino la ato y se quedo mirando al equipo de producción.
-         El show debe continuar.
Al instante vino la policía y se llevo a Maria Eugenia y el show se suspendió.
La bolsa con los huesos de Joaquín se extravió, hasta que una semana después del hecho se encontró en la vereda de un barrio lejano a la casa donde se filmaba el reality.

lunes, 3 de mayo de 2010

Menu

La noticia se corrió en un instante, ya que de un contingente de alumnos que disfrutaban de su viaje de egresados, que ganaron en un programa de televisión, habían desaparecido por lo menos cuatro de ellos, en los alrededores de un pequeño pueblo sureño, apartado prácticamente de la civilización. Debido a la explosiva noticia, muchos periodistas, policías, familiares y curiosos, se acercaron a este pueblo, que antes de este episodio no lo visitaban ni los mosquitos.

De golpe se había llenado de gente por todos lados, y al mediodía todo el mundo fue a almorzar al único restaurante del pueblo. Aníbal, su dueño, era quien preparaba la comida, y era famoso por su “Carne al horno con guarnición de papas doradas y cebolla frita”, toda esta exquisitez bañada en una salsa que según él “…es un secreto de familia”. Todos probaron el famoso menú, acompañado de un excelente vino tinto de “elaboración propia”.

Pasaron los días, la misteriosa desaparición de los egresados no tuvo una resolución, así que prácticamente los “turistas” se fueron como llegaron. Solo dos periodistas se quedaron unos días más. Al mediodía fueron al restaurante de Aníbal, que ya se encontraba prácticamente desierto, solo un par de camioneros que se tomaban un pequeño descanso antes de continuar su camino, como estaban tomando una cerveza en la barra, así que ellos eligieron una mesa cercana a la cocina. Aníbal se acercó a los camioneros.

- Que tal Jefe, con mi compañero escuchamos de un menú fantástico de “Carne al horno con papas” y salsa, una receta familiar… quisiéramos probarlo antes de seguir viaje.

- Si me esperan, porque recién acaba de llegar la carne.

- No hay problema Jefe, esperamos… mientras esperamos, podría servirnos otra ronda por favor.

- Enseguida.

De una heladera Aníbal sacó dos porrones, se los destapó y se acercó a la mesa de los periodistas.

- Muchachos, quedaron ustedes nomás de todos los que vinieron.

- Si, la verdad que nos encantó su menú.

- ¿Quieren pasar a la cocina y ver como lo preparo?... de paso escriben una nota y me hago famoso, jeje

- Si nos permite, estaríamos más que encantados.

- Pero por favor, pasen por acá – los periodistas entraron en la cocina.

Luego de un largo rato de espera, apareció Aníbal con dos platos de su humeante menú.

- Perdonen la tardanza muchachos, tuve que preparar la carne… que lo disfruten.

viernes, 22 de enero de 2010

El Silencio de la Noche (Parte 3: Final)

La conmoción es inmensa por la muerte del agente a manos del Espectro. Todos los medios acusan la inutilidad del subcomisario Navarro, y hasta en los noticieros locales exigen su inmediata renuncia, ya que El Espectro sigue asesinando impunemente.
Navarro cae en un pico depresivo, la presión lo agobia y lo confunde a la hora de tomar decisiones. Aprovechando este momento el principal Cáceres, comienza a coordinar las tareas en la Brigada. La intendencia es testigo de la momentánea desorientación de Navarro y la sorpresiva eficiencia de Cáceres como Jefe de grupo. En ese corto lapso de tiempo, El Espectro no hizo ninguna aparición, este fue otro motivo de tranquilidad para la intendencia, como para empezar a hacer circular el rumor de que Cáceres reemplazaría a Navarro.
Mientras el subcomisario cena con su mujer, una llamada telefonica quiebra en dos el momento de tranquilidad. Navarro atiende…

- Subcomisario, ya sabe quien habla, con usted no necesito presentación… soy el motivo de su malestar, así que lo espero en la vieja plazoleta, al lado de la fuente de agua… y por favor, venga solo… arreglemos esto entre nosotros.

Colgó el teléfono y salió rápidamente de la casa. Llego a su destino, la vieja plazoleta… apenas iluminada por dos faroles al lado de la fuente es lo que le da un poco de vida, es esa noche tan apagada y húmeda. Al subcomisario le tiemblan las piernas a la altura del muslo y sus rodillas, mira para todos lados y solo encuentra dos autos estacionados, algo separados y a unos cuantos metros de la plazoleta. En un microsegundo, una instantánea sombra pasó al costado de la fuente y sorprendió a Navarro provocando un corte detrás de su hombro derecho. Cae de rodillas, logrando apenas mantener la estabilidad, apretando fuerte la herida, pero la hemorragia es intensa. Ahora si se encuentra frente a frente con El Espectro, lo mira fijos a los ojos mostrando su sorpresa.

- Cáceres ¿se puede saber que haces?
- ¿No se dio cuenta todavía subcomisario?... estoy atrapando al Espectro.
- ¿De que hablas psicópata desquiciado?
- Era la única manera de destronarlo de su cargo, inventé al Espectro y sabía que usted nunca daría conmigo, así que aproveche para empezar a hacerme ver como líder y ahora que la intendencia se fijó en mí para reemplazarlo, ni Dios va a detenerme para lograr mi objetivo.
- ¿En serio pensas eso?... sos un verdadero idiota, el puesto iba a ser tuyo cuando a mi me salga la jubilación, ahora le vas a tener que agradecer a satanás en la cárcel por todas las almas inocentes que tuvieron que pagar el precio de tu impaciencia.
- Jajajajaja… no me diga, ¿acaso usted va a detenerme?
- Estas tan ciego en tu ambición que seguro no vistes los autos que están estacionados frente a la plazoleta.

Cáceres preocupado por el comentario gira y rápidamente vuelve su vista al subcomisario que sigue tomándose su hombro sangrando.

- ¿Y quienes se supone que están en esos autos?
- ¿Acaso pensaste que la intendencia te iba a dar el puesto sin investigarte?... cuando perdí mi confianza y caí, me empezaron a seguir y seguramente te empezaron a seguir a vos también para saber si eras el reemplazo adecuado… así que un auto me sigue a mí y el otro a vos… mira, ahí bajaron los agentes que trabajan para la intendencia, pregúntale a ellos mejor.

Cáceres en un ataque de desesperación, saca su arma reglamentaria y dispara sobre los atacantes hasta agotar munición y sin provocarles bajas, entonces alza su puñal y decide atacar al subcomisario, pero su impulso no llegó lejos, los agentes abrieron fuego y lograron derribarlo. Navarro sosteniendo su hombro logra reincorporarse y camina tambaleandose hasta El Espectro, mientras los agentes se acercan corriendo.

- Déle subcomisario… máteme… termine con mi vida.
- No, yo no… vos terminaste con tu vida cuando mataste por primera vez, ahora te vas a podrir encerrado, los muchachos del pabellón van a estar contentos de tener a un policía corrupto como compañero de celda… ahora tu peor castigo va a ser, seguir viviendo – en ese preciso momento llegan los agentes – muchachos arrestenlo y por favor llamen una ambulancia.
El último impulso de Cáceres no fue de atacar a los agentes con el puñal, sino de cortarse sus venas, era muy obvio que no iba a arrepentirse de lo que hizo, menos aguantar la carcel.
Por la mañana, con un sol intenso, en la habitación del hospital siendo acompañado por su esposa, Navarro con su hombro vendado, mira la tapa del diario y lee como terminó por fin la pesadilla del Espectro.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El Silencio de la Noche (Parte 2)

A la mañana siguiente, por medio de los vecinos de la victima, la Brigada de Homicidios se encuentra en la escena del crimen realizando sus peritajes.
Saben que se trata del Espectro, ya con esta es su novena victima, pero todavía no tienen descripción física, huellas, ni datos para buscar al silencioso homicida.
Uno de los agentes más jóvenes y casi nuevo en el cuerpo, comienza a darle arcadas viendo el cuerpo apuñalado, se sujeta el estomago y se dirige al baño, sus compañeros comienzan a reírse. Una vez que sale comienza a insultar al aire, jurando que va a encontrar al Espectro, todos comienzan a mirarlo raro. El Sub-comisario Navarro le ordena que se calme y le indica al Principal Cáceres que junte todos los datos y que archive el caso en la carpeta “El Espectro”.
Terminado el turno laboral, el joven agente se encuentra con una noche tranquila y estrellada. Carga su mochila en un solo hombro, saluda a los compañeros en la puerta y camina silbando bajo. Estando a una cuadra de la parada del colectivo, solo se escuchan sus pasos, rápidos y ligeros, eso lo puso algo nervioso. Su frente comenzó a transpirar, de golpe sintió que una gota helada de sudor le recorrió la espina dorsal, cuando se dio cuenta de que su sombra se había ensanchado, al momento de darse vuelta… un golpe en el estomago le corto el aire. En su vista confusa logró distinguir una silueta de color negro, que se venía acercando alzando su mano.
- Vos… sos… vos… sos…- apenas logró balbucear la frase.
El Espectro no se hizo esperar, su puñal realizó unas 13 perforaciones, tomó la mochila de la victima y dejó el cuerpo inmóvil en medio del baño de sangre.

lunes, 19 de octubre de 2009

El Título

El bar estaba completamente desierto, hasta que llegaron cuatro personas… tres hombres y una mujer. Los cuatro son escritores y están por hacer una reunión previa antes de presentar su material ante una editorial. Hacen una seña al mozo para que se acerque.
Mientras Silvia deja su abrigo en el respaldo de su silla, Gustavo busca sus copias en la mochila, Carlos las esta sacando de una carpeta y Nicolás ya las tenía en su mano. Cuando los cuatro depositan sus trabajos en la mesa, se arrima el mozo con un anotador y un lápiz.
- ¿Qué se van a servir? – pregunta este cortésmente.
- Traiga una ronda de café, por favor – responde Carlos.
- Muy bien... disculpen el atrevimiento, pero ¿son escritores? – continua la conversación mientras anota el pedido.
- Así es... o al menos lo intentamos – contesta Silvia en forma de chiste, y los demás comienzan a reírse festejando su respuesta.
- Yo siempre soñé publicar un libro, pero no soy muy bueno escribiendo, entre el bar, que ahora esta vacío pero a veces es un mundo de gente, y la familia, que si no es mi esposa son mis hijos, no tengo tiempo suficiente para dedicarle. La verdad que los envidio.
- Podría traer los cafés antes de que nos vayamos por favor – Gustavo siempre en forma cortante.
- En seguida se los traigo - resignado el mozo, da media vuelta y se retira.
Los cuatro escritores comienzan a exponer sus opiniones, y comienzan a organizar lo que sería la tapa, contra tapa, que escribirían en el prologo. Y la discusión comienza cuando entra en conflicto el titulo, cada uno venía con alguno preparado, pero otro argumentaba un mini discurso para que se quiten esa idea de la cabeza. En medio de la discusión aparece el mozo, y en una bandeja de plata traía lo que habían encargado.
- ¿Podrían poner las hojas en una esquina de la mesa?, así puedo poner las cosas – pregunto respetuosamente.
Nicolás en forma callada se encarga de juntar todos los trabajos, y entonces el mozo comienza a descender en la mesa, todo el pedido.
- Les comente que tengo un amigo que trabaja en una editorial, que siempre me insiste que escriba, que él se encargaría de publicarlo… es un muy buen contacto, se que cuando tenga algo lo voy a ver – comento con la intención de continuar la charla.
- No, no lo dijo y nosotros también tenemos contactos en una editorial para poder publicar, si ya termino puede retirarse – Gustavo siempre tan “cortes”.
Una vez terminados los cafés, la discusión se prolongó un rato, hasta que Nicolás comienza a sentirse mareado y preocupa a los demás, lo sigue Gustavo, que siente que se le cierran las vías respiratorias, Silvia es la siguiente, que se desploma en el piso. Del temor, Carlos intenta salir corriendo, pero es demasiado tarde, su café también estaba envenenado. Con su último aliento puede ver al mozo, que se acerca a la mesa, toma los trabajos de los cuatro y se le acerca.
- Gracias, por los escritos... me voy corriendo a ver a mi amigo y poder cumplir mi sueño, y no se preocupen por el titulo que lo voy a pensar camino a la editorial. – se marcho alegremente pronunciando nombres al aire como si estuviera hablando con otra persona.

viernes, 9 de octubre de 2009

Nuestras Tardes

Son las seis de la mañana... a pesar de la hora todavía estoy solo en la oficina, hace un rato que termine mi desayuno... estoy limpiando mi taza mientras la computadora inicia su sistema operativo. Sospecho que el día de hoy, va a resultar casi estresante... en el escritorio hay una montaña enorme de papeles y planillas que debo controlar y firmar... todavía tengo cosas pendientes desde ayer, pero siempre que termino de resolver un problema, me aparecen cuatro.
Pero igual nada de esto permite que pueda olvidarme de ella.
Recuerdo su anterior trabajo, estaba prácticamente viviendo ahí y sus días de descanso eran inciertos. Había veces que pasaba un largo lapso de tiempo sin que nos viéramos.
Por suerte lo dejó, y ahora se dedica solamente a la tranquilidad hogareña. De esta manera no tenemos que esperar sus días francos para vernos. Ahora tenemos todas las tardes de la semana, en las que retorno de mi trabajo, por eso acordamos denominarlas nuestras tardes… para convertirlas, en nuestra ceremonia personal.
Además la noto más compañera y su sola presencia en mi casa, es el significado de la palabra felicidad.
Son casi las ocho, ya empezaron a llegar mis compañeros, entre café y anécdotas, les recordé nuevamente a todos cuanto la aprecio y lo que significa ella para mí. Finalizada esa peculiar reunión, en la que todos tratamos de conocernos mejor charlando de nuestras cuestiones familiares. Vuelvo a mi escritorio a tratar de disminuir la inmensa montaña de trabajo que tengo en este instante.
Para cuando terminé de teclear en la máquina, eran casi las nueve y treinta... milagrosamente pude poner todo al día... lance un largo suspiro al aire, como señal de victoria... le había ganado al tiempo. Me acomodo en la silla y observo el reloj que llevo puesto, uno de los tantos regalos que me hizo, e inmediatamente se me vino a la mente varios recuerdos de nuestra infancia... ella jugando en mi casa... yo con mi hermano divirtiéndonos en la suya... cuando su abuela nos llevaba a la plaza... todos los cumpleaños... los días del amigo. Pero el que más revivo es cuando a los once años, le escribí una carta, en ese entonces mi timidez era más poderosa y tardé dos días para dársela, y cuando junte coraje y se la entregué en sus manos... no pronunció palabra alguna, solamente me la entregó callada, un silencio tan profundo que solo consiguió alargar aún más mi duda. De la bronca rompí la carta y en cada trozo de papel que desintegraba, iban con el las esperanzas de estar juntos.
Me invadió una vergüenza inimaginable, que no me permitió mirarla a los ojos, ni hablarle como la había hecho hasta ese momento... mi silencio duró varios años... me auto margine de su compania por miedo a otro rechazo. Tarde un tiempo para atravesar esa barrera inexpresiva, y volver a dirigirle una palabra.
Mientras admiro la belleza de sus ojos, en una foto suya que tengo debajo del monitor de mi computadora... no entiendo como se me vino a la cabeza, la tarde en que me presentó a su novio... quizás fue la daga más filosa que alguna vez me haya cortado, dejándome una herida incurable.
Por suerte sonó el timbre del teléfono y arruino ese fastidioso recuerdo. Me acaban de comunicar que ya nos depositaron el mes de sueldo, perfecto, lance un grito frenético que retumbo en la oficina, me callé cuando me di cuenta que varios compañeros me miraban desconcertados. Me levante de mi silla y salí a dar una vuelta por la planta.
En el instante que observo mi reloj, noté que faltaba poco para ir a almorzar, así que decidí volver a buscar al resto del grupo. La comida no fue de lo mejor, pero los chistes estuvieron espectaculares... en el comedor solo se escuchaban nuestras risas.
Por fin se cumplió mi horario, la salida y el retorno a casa. Una vez cumplida mi tarea, me encuentro en el vestuario, me ducho lo más rápido que puedo, porque no veo la hora de estar con ella.
Llegue tarde a la estación y el siguiente tren viene en quince minutos aproximadamente, me dirijo a un banco de cemento a realizar la espera... mis neuronas entraron en funcionamiento y me sitúo en una noche sábado que salimos a bailar con su hermana y la amiga... un repentino viaje al shoping a jugar al minigolf y al bowling... y en especial una noche del mes de julio, tanto miedo tuve de equivocarme en alguna locura mía, pero la suerte estuvo de mi lado... nos unimos en un interminable y tierno beso, a partir de ese momento nos entregamos a una pasión eterna.
Tan solo una semana después, decidimos contarles a todos lo de nuestra relación... y hoy hace ya cinco años que estamos juntos... hubo peleas, discusiones, mal entendidos... pero nuestro amor siempre soluciono todo.
El ruido molesto de la locomotora me despedazó el dulce pensamiento entre nosotros. Viajo demasiado apretado en este tren, ya que en esta hora salen todos de trabajar... de pura casualidad conseguí un asiento, así que voy a tratar de descansar hasta llegar a destino.
Una vez que me baje del tren, me dirijo a un cajero automático a retirar mi sueldo. Una vez que tuve la plata en la mano, me acerco a un puesto de flores y le compro un enorme ramo de rosas rojas, sus preferidas.
Por fin me encuentro en mi hogar, el cansancio del viaje y las tareas laborales hacen que extrañe mi techo cada vez más. Dejé mis cosas y fui a buscarla, la encontré cocinando, sola, tranquila, me vio y me saludo con un frío beso. Ya antes de llegar en donde estaba ella, mis piernas comenzaron a temblar... la timidez me renació, como aquella tarde en la que le di mi carta y ella me la devolvió en silencio... pero ahora debía ser más fuerte que nunca... este paso que iba a dar, era muy importante, por eso tengo que hacer las cosas de la manera más delicada... así que me pare justo en frente de mi novia, escondí detrás mió el ramo de rosas, y debía a toda costa superar mis temores… así que recobre mi valentía y este era el momento para hacerle la pregunta que iba a tener un antes y un después en mi vida… respire hondo y la formule…
- ¿Te querés casar conmigo?
Me asuste… ya que se quedo hecha una estatua, como aquella tarde que me devolvió la carta en forma insonora… miraba para abajo y no me respondía.
- ¿Y? ¿Te querés casar conmigo?
- NO… lo siento mucho… pero la verdad, te lo iba a decir hace tiempo, pero decidí volver con mi ex. Todo este tiempo que estuve con vos, mi vida no avanzó nada. Seguimos viviendo en esta casa que se cae a pedazos y vos que en tu trabajo no progresas ni ascendes, ganas miseria y eso no alcanza… lo lamento demasiado pero pensé que eras otra cosa.
Sin más nada que decir se fue hacia su dormitorio. Yo, petrificado por la respuesta, digiriéndola de a poco, por como me golpeo. Deje el ramo sobre la mesa… tome el cuchillo con el que estaba cocinando y la alcance antes de que entre a su dormitorio. Alce mi mano y la baje con toda la furia, una y otra vez. No recuerdo cuantas fueron, tampoco si gritó o si trató de defenderse… pero se que fueron puñaladas devastadoras, que acabaron con su vida en un instante. La arrastré, marcando un camino de sangre hasta el patio… cavé una enorme fosa y la enterré, dejando las rosas rojas encima de la que ahora se convertía en su tumba.
Así es querido diario... en un tiempo, la sentí más distante que al mismo firmamento... y hoy como no me aceptó como su marido y además quiso volver con su ex pareja... tuve que hacer un pequeño sacrificio, pero valió la pena, ella ahora esta solamente conmigo y de acá no se va a mover y lo más importante que no va a ser de nadie más. Así que partir de hoy no solo tengo que ser más responsable en mi trabajo, y más dedicado en la casa, sino que le voy a traer sus flores preferidas siempre, hasta el día en que yo muera. Va a tener sus rosas rojas manteniendo nuestra ceremonia personal… y solo resta decir que es hoy no fue un día normal… a partir de hoy quedó sellada como nuestras tardes.

martes, 29 de septiembre de 2009

Estado de Coma

La Señora Eleonor McQueen, estuvo internada durante más de diez años, en estado de coma. Después de tanto tiempo, sus familiares comenzaron a perder las esperanzas, así que decidieron sacarla del hospital y darle un funeral digno.
Sus restos fueron velados casi en secreto y fueron enterrados por la mañana en un pequeño cementerio público. Esa misma tarde, de la tumba de la Señora McQueen, se oían gritos sordos, como perdidos en un espacio pequeño, algo confusos. Tan solo las palomas que posan sobre las cruces y lápidas, escuchaban los lamentos ahogados que provienen de una de las fosas.
Luego de un instante, enmudecen los aullidos y vuelve a regir una mudez reinante sobre el pequeño cementerio.

lunes, 24 de agosto de 2009

La victima

Transpiraba a manantiales a pesar del aire acondicionado. Llevaba un ramo de flores enorme, vestía elegante y se había perfumado a litros. Hizo un leve suspiro y entro a la habitación del hospital. En ella descansaba su amada, que hacía varios días que estaba internada y no podían encontrar el motivo de su malestar, y que a pesar de lucir un aspecto casi moribundo, aún conserva los rasgos de una hermosa mujer.
Al muchacho le temblaban las piernas viéndola así, y se anticipaba a los pronósticos médicos, pensando que no tendrían esperanzas de salvarla. Dejó el enorme ramo en el florero de vidrio que estaba en la mesita de luz y le coloco un poco de agua. Tomo la débil mano de la joven y la sentía áspera, casi sin vida, su pulso era apenas perceptible por el tacto de él… lamentablemente no era muy buena señal.
Con esfuerzo ella abrió sus ojos y lo vio sentado a su lado, intento apretarle su mano pero sus fuerzas se agotaban cada vez más, entonces le dedico una tierna sonrisa. Noto el ramo en el florero y una salada lágrima se desprendió de su ojo, y el otro ojo celoso no iba a ser menos, entonces también comenzó a lagrimear.
El la veía poco atractiva en ese aspecto demacrado, pero de todos modos le beso la frente, y le pareció que había besado una lapida.
- Hola preciosa
- Viniste a verme
- Claro, ¿como te voy a dejar sola?
- Te quería ver… antes de irme – suspendió el comentario por culpa de la tos.
- No te vas a ir a ningún lado… vos quédate tranquila.
Él le acomodo la almohada para mejorar su posición y le humedeció los labios, que absorbieron el agua como una esponja seca.
Ella cerró los ojos para descansar y él se quedo sentado en una silla al lado de la cama. Pasaron las horas y los dos se durmieron. Él se despertó sobresaltado y no noto signos de vida en su amada. Desesperado comenzó a llamar al doctor y a la enfermera.
De todos modos le tomo su muñeca para comprobar si había pulso, y por fin se convenció de lo inevitable… ella había muerto.
Los llantos no se hicieron esperar, él se aferro a la mano seca y áspera del cadáver y comenzó a humedecerla con lágrimas de culpa.
- Discúlpame… discúlpame… el veneno no era para vos… era para tu mamá.
Pero él no se había dado cuenta que el medico y la enfermera ya habían entrado a la habitación cuando se confeso ante la muerta.

domingo, 26 de julio de 2009

El Silencio de la Noche

Es su primera noche viviendo solo. Un silencio sepulcral y una tranquilidad absoluta la convierten en una noche perfecta para descansar.
De pronto escucha un ruido en el picaporte… y la puerta se abre. El corazón le martilla el pecho y su cuerpo quedo casi paralizado.
Cobró valor y se levanto a ver ¿que? o ¿quién? entro en su casa.
El Espectro silencioso, lo vigila desde las sombras… espera el momento justo y ataca.
Nueve puñaladas terminan con la vida de su victima. Luego del baño de sangre, tomó las cosas de valor que encontró y salió a la bruma de la húmeda noche silenciosa.