"Los sabios heredarán honra, más los necios llevarán ignominia"
(Proverbios 3:35)
El Autor
lunes, 17 de septiembre de 2018
Escondidas
En el barrio jugábamos todos. Chicos y chicas.
Con el correr de los años esos juegos y momentos que nos reunían a todos se fueron perdiendo.
Cuando terminas el secundario y empezas la facultad, la vida te da un cachetazo de realidad para el que no te preparaste.
En ese período, me llegó el comentario que mi amigo Alejandro había fallecido por culpa de un tumor en la cabeza.
Eso es lo que todos dicen y repiten.
Para mí él nunca murió. Sólo que está muy bien escondido, esperando que en algún momento lo encontremos.
martes, 11 de abril de 2017
La Extraña #3
- ¡Alicia!
Ella volcó de un sobresalto el café con leche que se estaba enfriando en su taza. Y me quedó mirando fijo y con una respiración agitada como si hubiera corrido una maratón.
- Me asustaste. ¿Qué pasa?
- Eso mismo. ¿Qué pasa?
- Nada. No vuelvas a asustarme.
Se levantó apresurada. Tomó su cartera y sus llaves, y salió.
Me acerqué a la ventana y la vi caminando pensativa. Algo debía molestarla. No suele comportarse así. De los casi 6 años que estamos conviviendo nunca actuó de esta manera. Cuando se perdió de mi vista. Como un torpedo, agarré mi abrigo, mis llaves y salí detrás.
viernes, 30 de diciembre de 2016
La Extraña #2
- Creo que debían estar haciendo una broma o esas estafas que suelen hacer por teléfono.
Mientras me hablaba sonaba creíble lo que me contaba, pero a la vez percibía que algo malo me ocultaba. Sus ojos brillaban con una intensidad que nunca había visto. Siempre se mostró tan segura y determinante en todo, y ahora parecía una lauchita blanca que está a punto de ser devorada por una serpiente.
Colgó el teléfono, y me regaló una sonrisa para que olvidara el asunto. Cuando se me tendió y me rodeo con sus brazos, lo logró. Nos encontramos un beso, largo, pero ella extrañamente cerraba sus labios y me impedía que la bese con la lengua. Cuando finalizamos el beso, solo dijo...
- Vamos a dormir.
Le seguí la corriente. Ella fue hacia el baño, y yo me dirigí al dormitorio. Ahora confirmaba que a ella le pasaba algo.
sábado, 23 de julio de 2016
La Extraña #1
Una noche que habíamos salido a cenar a un tranquilo restaurante del centro, le propuse caminar un rato. Al comienzo como que no le agradó mucho la idea, pero un poco a regañadientes aceptó. Pero algo parecía incomodarla y hasta asustarla, porque mientras caminábamos y hablábamos, ella no dejaba de mirar hacia los costados y a veces hacia atrás. Cuando llegamos a una esquina, nosotros nos disponíamos a cruzar y se escuchó una frenada aguda, con un chirrido molesto. Era un taxi que venía a gran velocidad y la luz roja lo sorprendió por completo. Ella parecía que se moría del miedo.
Una vez que volvimos al departamento, mientras me sacaba el saco y me desabotonaba la camisa, me dirigía a la cocina, el teléfono comenzó a sonar. Ella atendió, y a los segundos, su rostro reflejó un pánico atroz, que enseguida me puso alerta.
sábado, 2 de abril de 2016
La Promesa
La noticia lo cubrió todo, televisión, radio, diarios, etc. Todos se miraban como hermanos, sin diferencia de raza, religión, equipo de fútbol, etc. Plaza de Mayo se vestía de fiesta, la gente se amontonaba, cantaba, gritaba, lloraban de felicidad y lucían como nunca el celeste y blanco de su bandera. Todos festejaban, todos… menos yo. ¿Por qué no festejaba?... ¿no estaba contento acaso? Claro que estaba contento, el pecho se me inflaba para lucir el celeste y blanco de mi escarapela. Pero acababa de leer el telegrama y el ejército había convocado mi clase… así que me tengo que preparar y partir a la guerra. No es nada fácil digerir una noticia así, menos a los diecinueve años, pero es el destino. Aunque lo más duro va a ser contárselo a mi familia.
La cena fue una alegría contagiosa, todos comentaban la hazaña de nuestros soldados en las islas. Obviamente nadie pensaba en las consecuencias que esto podía llegar a causar, pero mi misión en este momento era otra. Así que alcé mi vaso de vidrio y comencé a golpearlo suavemente con la cuchara, para llamar la atención de todos.
- Bueno familia, ya se que estamos de festejo y no quiero arruinarles el momento… yo se que no es nada fácil… pero es mi deber defender la patria… me convocaron para partir a Malvinas.
Yo creo que si hubiese volado un mosquito a una cuadra de distancia se hubiera escuchado por el silencio que se generó. Todos petrificados, hechos estatuas, mirándome fijamente para ver si les estaba haciendo una broma. Cuando se dieron cuenta de que no, mi papá se levanto de su silla, se dirigió hacia mi y me aplastó con un abrazo, mientras por lo bajo se escuchaba el principio de su llanto. Lo siguió mi mamá y mi hermanito, por suerte el bebé no entendía nada.
- Hijo… no vayas… por favor – mi mamá como siempre intentando protegerme de todo.
- Tengo que ir mamá, ya esta decidido… no me causa ninguna gracia, pero jure lealtad a mi bandera y la tengo que defender.
- No digas locuras, hijo… ¡Ernesto, no te quedes callado!
- Déjalo Clara, Gustavo ya es grande y sabe lo que hace… por más que a mi me duela en el alma, me siento muy orgulloso de mi hijo.
- ¡¡No!!... ¡¡no vayas!!... por favor no vayas.
- Mamá, si no voy, ¿que ejemplo les voy a dar a mis hermanos?, ¿que van a pensar?, que su hermano mayor es un cobarde… que prefirió quedarse en la casa antes de ir a defender a su patria, ¡no!… voy a ir, ya esta decidido.
- ¡¡Gus!!... ¿en serio vas a la guerra? – mi hermanito se lo tomaba como que iba con unos amigos a jugar a los soldados.
- Si campeón, tengo que ir… ¿Por qué?
- ¿Me prometes algo?
- Si, decime…
- Prométeme, que al menos vas a matar a tres soldados.
Me agache hasta alcanzar su altura y le susurré para que solamente él escuche.
- Te lo prometo.
Finalmente partí. No se si fue algo en especial, pero a último momento decidieron que no íbamos a ir a Malvinas, que nuestro regimiento iba a defender las Islas Georgias. Ya que se preveía que parte de la flota inglesa iba a comenzar su ataque en esas islas.
Así que comenzamos a preparar las defensas y lo más complicado, que era adaptarse al clima.
La tensión crecía, se sentía una expectativa que por momentos nos hacía sentir valientes y por momentos nos hacía temblar de miedo. Nadie sabía que pasaba ni lo que iba a pasar. Todos los altos mandos se callaban. No me sacaba de la cabeza a nadie, a mamá, a papá, a mis hermanos, a mis amigos, a mi novia, etc. Los sentía a todos tan cerca, que parecía que estaban al lado mío.
Y así pasaron los días, hasta que el 25 de abril, estábamos en nuestras posiciones cuando se escucha la vos de “ALERTA ROJA”. Todos nos preparamos para lo inevitable… íbamos a entrar en combate. Había llegado la hora de defender nuestra patria y nuestro punto de defensa era clave. Rezamos en silencio, recordábamos a todos nuestros seres queridos. Nuestras piernas temblaban y no era por el frío. Preparamos nuestras armas y aguardamos.
Por fin desembarcaron los comandos ingleses, nuestros corazones se paralizaron ante la inminente batalla, por defender nuestro suelo. El momento tan esperado había llegado, en un instante se tenía que resolver todo. Hasta que nos enteramos que no iba haber pelea
El comandante a cargo de la defensa de las Georgias se rindió sin disparar un solo tiro. Nos mirábamos todos, nadie entendía nada. Los ingleses comenzaron a desarmar a mis compañeros y a tomarlos como prisioneros de guerra.
- ¡¡¡NO!!!, maldito genocida cobarde… no me quites el derecho de defender a mi Patria. Juraste lealtad a la Bandera igual que todos nosotros, juraste protegerla hasta la muerte. ¿Con que cara miro a mi familia y les digo que me rendí sin oponer resistencia?... no lo puedo creer… ¡¡No!!... ¡La Promesa!... tengo que cumplir con mi promesa…
Por reflejo, por impotencia y por bronca a la realidad que estábamos enfrentando, alcé mi FAL, apunte a tres soldados ingleses que estaban conversando y les envié una pequeña lluvia de plomo en señal de bienvenida. En seguida sus compañeros comenzaron a dispararme a mí brindándome la despedida de este mundo.
Mi cuerpo frío, cayo bañado en sangre hirviendo de furia… pero de todos modos cumplí con mi juramento a mi Bandera, la defendí hasta perder la vida… pero lo más importante es que cumplí con la promesa que le hice a mi hermanito.
Este pequeño y humilde escrito esta dedicado a los verdaderos HEROES, que lucharon heroicamente por defender nuestra Bandera en las Islas Malvinas.
sábado, 27 de febrero de 2016
El Ascenso - Capitulo 04 Final
domingo, 6 de septiembre de 2015
El Ascenso - Capitulo 03
- Por acá no se puede pasar – dijo autoritariamente el uniformado.
- ¿Dígame que paso?... esta es mi casa – la preocupación se le empezó a hacer más notoria en su cara.
- Esta bien, recibimos una llamada de su vecina de la casa del frente, que estuvo vigilando la casa desde que ustedes salieron con el auto.
- Si, esta bien… yo la llame antes de salir, para que mirara de vez en cuando la casa.
- La cuestión es que la señora Rita nos comunico que vio a alguien en la ventana de una habitación del piso de arriba, confundiéndolo con un ladrón… la testigo siguió observando y vio como esta persona saltó de la ventana, para cuando llegaron las unidades de emergencias era demasiado tarde y todavía no podemos hablar con la señora ya que le dura el shock.
- ¿Y nuestro hijo esta bien? – pregunto la dueña de casa preocupada por la seguridad de Félix.
- Nadie nos dijo nada de un chico, me podía decir la edad del joven y su descripción.
- Si, dieciséis años, pelo marrón ondulado, estatura mediana y es de contextura maciza.
El rostro del oficial se transformó en una careta lúgubre y pareció envejecer.
- Pueden bajar del auto y acompañarme, por favor.
La pareja se miró sin comprender nada, se bajaron los dos tranquilamente y comenzaron a seguir al policía que se estaba comunicando por radio con su superior, le explicaba que estaba con los dueños de la propiedad. Caminan los tres unos metros, hasta llegar a la parte trasera de la ambulancia. Se acerca un policía alto, con cara de pocos amigos, era el encargado del operativo, se presenta a la pareja y les extiende su mano. Entonces el policía se acerca a la camilla y suavemente levanta la sabana que cubría el cuerpo… dos gritos a coro ensordecieron la tranquilidad de la noche y a todos los que estaban en su entorno, pues el cuerpo que yacía sin vida pertenecía a Félix.
Ahora el actual gerente recordaba cuando estaba bebiendo su copa de coñac en el comedor y pensó… “que esa era su noche de suerte y que a partir de esa noche su vida iba a cambiar para siempre”… en eso no se había equivocado.
lunes, 24 de agosto de 2015
El Ascenso - Capítulo 02
domingo, 9 de agosto de 2015
El Ascenso - Capitulo 01
viernes, 8 de julio de 2011
Beso Amargo
La vi ahí, tan pálida, tan distante, no parecía ella, aunque era ella. Me sentí un tonto por un momento, ni siquiera sé por qué… no, eso era mentira, sabía el porqué, pero no podía revelarlo. Si ella estaba así ahora era todo por mi culpa, fui el responsable de todo, eso lo sé, pero solo lo sabíamos nosotros dos, eso espero. Eso que le dije de un primer momento, que era muy posible que no resulte, pero ella insistió tanto. Nunca me imaginé que íbamos a pasar por esto y acá estamos, ella tan cerca y a la vez tan lejos y yo que no me animo hablarle. Ni siquiera me sale intentar besarla, aunque me muero de ganas, aunque finalmente me decidí a besarla en su frente de un tanto áspera y de un tono purpureo. Fue el beso más amargo que me tocó dar, antes de que cierren el ataúd. Nunca pensé que se iba a quitar la vida, eso que le aclaré que no iba a funcionar. Abrace a mi señora, que estaba destruida por el dolor de la muerte de su hermana.
domingo, 1 de noviembre de 2009
La Jaula
miércoles, 5 de agosto de 2009
Condenada Soledad
En una mañana soleada, suaves hilos de luz comienzan a asomarse y se filtran por la ventana de mi dormitorio. Un nuevo amanecer, y este era totalmente distinto... pero la diferencia no estaba en el clima, sino que estaba dentro mío, en mis sentimientos o en mi forma de pensar. Quizás no lo se... quizás no quisiera saberlo... quizás nunca lo sabré. Era una sensación que azotaba mis más escondidos temores. Pánico a esta rutinaria soledad que desgasta segundo a segundo a esta alma carente de comprensión. Y espanto a que la propia cobardía se apodere mí, para no permitirme combatir a los miedos que se acrecientan en mi consciencia.Desde la ventana de mi habitación, veo como el otoño se apodera poco a poco de la calle. Y en cada hoja seca, que vuela hasta encontrarse con el pavimento, se encuentra una duda mía. Incertidumbres olvidadas, que se convierten en un duelo entre el conocimiento y la necedad... puede ser que nadie las oiga, pero mientras Dios las discierna, conformaría mi reposo. Tan solo son cuestiones que invaden al ser humano, como por ejemplo preguntarse: ¿si mañana seguiré luchando? O ¿ si la lucha de hoy valdrá la pena mañana? Quizás estas preguntas no tienen sentido para muchos, y otros tal vez nunca se la hicieron. Pero para mi comenzaron a tener importancia, desde que el abandono me persigue. Por el momento soy más rápido que él... pero no se cuando puedo llegar a tropezar y que este me alcance.
Como ya mencione anteriormente, es el nacimiento de un reciente día y una nueva vida empezaba para mí. Son otras las sensaciones las cuales debía afrontar, y me costaba mucho más enfrentarlas solo, como lo he hecho durante los últimos seis años de mi vida.
Era mi sola presencia la que descansaba en este aposento, que nunca supe si era chico o grande, como tan solo mi cuerpo ocupaba parte de su espacio, el resto del lugar parecía infinito. Pero hacía tan solo nueve meses, las cosas habían cambiado... éramos dos personas que habían unido su soledad hasta convertirla en una fusión inseparable. Dependíamos el uno del otro, enfrentábamos todos los peligros juntos. Por las noches con la fina y cristalina claridad de la luna, rezábamos por el bienestar de los dos. Entre los dos prometimos, que si algún día la malicia intentaba entrometerse y lograba separarnos, o si la sombra de la muerte acechaba muestra cálida protección... que el camino elegido por cada uno sea cargado de afecto y de sabiduría, para que ningún mal se apodere de nosotros.
Ahora me encuentro aquí, parado frente a la ventana... recordando a mi compañero de celda, que anoche había sido ejecutado. Ni las plegarias, ni las suplicas que tantas noches habíamos dictado al silencio sepulcral de nuestro pabellón, lo habían salvado de la inevitable pena de muerte.
Hoy vuelve a ser mía esta sucia e incomoda jaula, en la cual, hasta anoche, éramos dos los presos que pedían a Dios por el bien de ambos. Los que algún momento nos preguntamos: ¿si valía la pena la lucha de hoy el día de mañana?... pero el afectuoso y cálido recuerdo de nuestra familia, fue nuestra respuesta a esta curiosa pregunta.
Miro el revoloteo de las hojas, que van de un lado a otro, y envidio su libertad en una manera anhelada. Solo me queda contar los segundos en forma regresiva, para esperar a que se cumpla mi tiempo aquí dentro. Y una vez afuera vivir tranquilamente, libre de culpa, para no regresar a esta infernal lección y que la maldad no se me haga costumbre. Que quiera uno o no, por el simple hecho de visitar este lugar te convierte en alguien marginado... seas culpable o no.
Mientras tanto continuo sobreviviendo en esta jungla de cemento, que me convirtió en un ser más melancólico, que aquel que era antes de ingresar aquí.
Ahora me voy preparando, tal vez en un rato venga mi familia a visitarme, pero una vez que ellos se hayan ido... vuelvo a la compañía de mi condenada soledad.
