"Los sabios heredarán honra, más los necios llevarán ignominia"

(Proverbios 3:35)

viernes, 22 de enero de 2010

El Silencio de la Noche (Parte 3: Final)

La conmoción es inmensa por la muerte del agente a manos del Espectro. Todos los medios acusan la inutilidad del subcomisario Navarro, y hasta en los noticieros locales exigen su inmediata renuncia, ya que El Espectro sigue asesinando impunemente.
Navarro cae en un pico depresivo, la presión lo agobia y lo confunde a la hora de tomar decisiones. Aprovechando este momento el principal Cáceres, comienza a coordinar las tareas en la Brigada. La intendencia es testigo de la momentánea desorientación de Navarro y la sorpresiva eficiencia de Cáceres como Jefe de grupo. En ese corto lapso de tiempo, El Espectro no hizo ninguna aparición, este fue otro motivo de tranquilidad para la intendencia, como para empezar a hacer circular el rumor de que Cáceres reemplazaría a Navarro.
Mientras el subcomisario cena con su mujer, una llamada telefonica quiebra en dos el momento de tranquilidad. Navarro atiende…

- Subcomisario, ya sabe quien habla, con usted no necesito presentación… soy el motivo de su malestar, así que lo espero en la vieja plazoleta, al lado de la fuente de agua… y por favor, venga solo… arreglemos esto entre nosotros.

Colgó el teléfono y salió rápidamente de la casa. Llego a su destino, la vieja plazoleta… apenas iluminada por dos faroles al lado de la fuente es lo que le da un poco de vida, es esa noche tan apagada y húmeda. Al subcomisario le tiemblan las piernas a la altura del muslo y sus rodillas, mira para todos lados y solo encuentra dos autos estacionados, algo separados y a unos cuantos metros de la plazoleta. En un microsegundo, una instantánea sombra pasó al costado de la fuente y sorprendió a Navarro provocando un corte detrás de su hombro derecho. Cae de rodillas, logrando apenas mantener la estabilidad, apretando fuerte la herida, pero la hemorragia es intensa. Ahora si se encuentra frente a frente con El Espectro, lo mira fijos a los ojos mostrando su sorpresa.

- Cáceres ¿se puede saber que haces?
- ¿No se dio cuenta todavía subcomisario?... estoy atrapando al Espectro.
- ¿De que hablas psicópata desquiciado?
- Era la única manera de destronarlo de su cargo, inventé al Espectro y sabía que usted nunca daría conmigo, así que aproveche para empezar a hacerme ver como líder y ahora que la intendencia se fijó en mí para reemplazarlo, ni Dios va a detenerme para lograr mi objetivo.
- ¿En serio pensas eso?... sos un verdadero idiota, el puesto iba a ser tuyo cuando a mi me salga la jubilación, ahora le vas a tener que agradecer a satanás en la cárcel por todas las almas inocentes que tuvieron que pagar el precio de tu impaciencia.
- Jajajajaja… no me diga, ¿acaso usted va a detenerme?
- Estas tan ciego en tu ambición que seguro no vistes los autos que están estacionados frente a la plazoleta.

Cáceres preocupado por el comentario gira y rápidamente vuelve su vista al subcomisario que sigue tomándose su hombro sangrando.

- ¿Y quienes se supone que están en esos autos?
- ¿Acaso pensaste que la intendencia te iba a dar el puesto sin investigarte?... cuando perdí mi confianza y caí, me empezaron a seguir y seguramente te empezaron a seguir a vos también para saber si eras el reemplazo adecuado… así que un auto me sigue a mí y el otro a vos… mira, ahí bajaron los agentes que trabajan para la intendencia, pregúntale a ellos mejor.

Cáceres en un ataque de desesperación, saca su arma reglamentaria y dispara sobre los atacantes hasta agotar munición y sin provocarles bajas, entonces alza su puñal y decide atacar al subcomisario, pero su impulso no llegó lejos, los agentes abrieron fuego y lograron derribarlo. Navarro sosteniendo su hombro logra reincorporarse y camina tambaleandose hasta El Espectro, mientras los agentes se acercan corriendo.

- Déle subcomisario… máteme… termine con mi vida.
- No, yo no… vos terminaste con tu vida cuando mataste por primera vez, ahora te vas a podrir encerrado, los muchachos del pabellón van a estar contentos de tener a un policía corrupto como compañero de celda… ahora tu peor castigo va a ser, seguir viviendo – en ese preciso momento llegan los agentes – muchachos arrestenlo y por favor llamen una ambulancia.
El último impulso de Cáceres no fue de atacar a los agentes con el puñal, sino de cortarse sus venas, era muy obvio que no iba a arrepentirse de lo que hizo, menos aguantar la carcel.
Por la mañana, con un sol intenso, en la habitación del hospital siendo acompañado por su esposa, Navarro con su hombro vendado, mira la tapa del diario y lee como terminó por fin la pesadilla del Espectro.

2 comentarios:

La Garrapata Vegetariana dijo...

Ahhhh!
¿Murio o no?
Dice que se cortó las venas... pero no que muere!!!

¿Esperamos una segunda parte? "El surgimiento del espectro"?

:D

Gus Manzai dijo...

En realidad murió, pero si el publico pide que reviva, va a terminar reviviendo... vos viste como es esto jeje