"Los sabios heredarán honra, más los necios llevarán ignominia"

(Proverbios 3:35)

viernes, 22 de enero de 2010

El Silencio de la Noche (Parte 3: Final)

La conmoción es inmensa por la muerte del agente a manos del Espectro. Todos los medios acusan la inutilidad del subcomisario Navarro, y hasta en los noticieros locales exigen su inmediata renuncia, ya que El Espectro sigue asesinando impunemente.
Navarro cae en un pico depresivo, la presión lo agobia y lo confunde a la hora de tomar decisiones. Aprovechando este momento el principal Cáceres, comienza a coordinar las tareas en la Brigada. La intendencia es testigo de la momentánea desorientación de Navarro y la sorpresiva eficiencia de Cáceres como Jefe de grupo. En ese corto lapso de tiempo, El Espectro no hizo ninguna aparición, este fue otro motivo de tranquilidad para la intendencia, como para empezar a hacer circular el rumor de que Cáceres reemplazaría a Navarro.
Mientras el subcomisario cena con su mujer, una llamada telefonica quiebra en dos el momento de tranquilidad. Navarro atiende…

- Subcomisario, ya sabe quien habla, con usted no necesito presentación… soy el motivo de su malestar, así que lo espero en la vieja plazoleta, al lado de la fuente de agua… y por favor, venga solo… arreglemos esto entre nosotros.

Colgó el teléfono y salió rápidamente de la casa. Llego a su destino, la vieja plazoleta… apenas iluminada por dos faroles al lado de la fuente es lo que le da un poco de vida, es esa noche tan apagada y húmeda. Al subcomisario le tiemblan las piernas a la altura del muslo y sus rodillas, mira para todos lados y solo encuentra dos autos estacionados, algo separados y a unos cuantos metros de la plazoleta. En un microsegundo, una instantánea sombra pasó al costado de la fuente y sorprendió a Navarro provocando un corte detrás de su hombro derecho. Cae de rodillas, logrando apenas mantener la estabilidad, apretando fuerte la herida, pero la hemorragia es intensa. Ahora si se encuentra frente a frente con El Espectro, lo mira fijos a los ojos mostrando su sorpresa.

- Cáceres ¿se puede saber que haces?
- ¿No se dio cuenta todavía subcomisario?... estoy atrapando al Espectro.
- ¿De que hablas psicópata desquiciado?
- Era la única manera de destronarlo de su cargo, inventé al Espectro y sabía que usted nunca daría conmigo, así que aproveche para empezar a hacerme ver como líder y ahora que la intendencia se fijó en mí para reemplazarlo, ni Dios va a detenerme para lograr mi objetivo.
- ¿En serio pensas eso?... sos un verdadero idiota, el puesto iba a ser tuyo cuando a mi me salga la jubilación, ahora le vas a tener que agradecer a satanás en la cárcel por todas las almas inocentes que tuvieron que pagar el precio de tu impaciencia.
- Jajajajaja… no me diga, ¿acaso usted va a detenerme?
- Estas tan ciego en tu ambición que seguro no vistes los autos que están estacionados frente a la plazoleta.

Cáceres preocupado por el comentario gira y rápidamente vuelve su vista al subcomisario que sigue tomándose su hombro sangrando.

- ¿Y quienes se supone que están en esos autos?
- ¿Acaso pensaste que la intendencia te iba a dar el puesto sin investigarte?... cuando perdí mi confianza y caí, me empezaron a seguir y seguramente te empezaron a seguir a vos también para saber si eras el reemplazo adecuado… así que un auto me sigue a mí y el otro a vos… mira, ahí bajaron los agentes que trabajan para la intendencia, pregúntale a ellos mejor.

Cáceres en un ataque de desesperación, saca su arma reglamentaria y dispara sobre los atacantes hasta agotar munición y sin provocarles bajas, entonces alza su puñal y decide atacar al subcomisario, pero su impulso no llegó lejos, los agentes abrieron fuego y lograron derribarlo. Navarro sosteniendo su hombro logra reincorporarse y camina tambaleandose hasta El Espectro, mientras los agentes se acercan corriendo.

- Déle subcomisario… máteme… termine con mi vida.
- No, yo no… vos terminaste con tu vida cuando mataste por primera vez, ahora te vas a podrir encerrado, los muchachos del pabellón van a estar contentos de tener a un policía corrupto como compañero de celda… ahora tu peor castigo va a ser, seguir viviendo – en ese preciso momento llegan los agentes – muchachos arrestenlo y por favor llamen una ambulancia.
El último impulso de Cáceres no fue de atacar a los agentes con el puñal, sino de cortarse sus venas, era muy obvio que no iba a arrepentirse de lo que hizo, menos aguantar la carcel.
Por la mañana, con un sol intenso, en la habitación del hospital siendo acompañado por su esposa, Navarro con su hombro vendado, mira la tapa del diario y lee como terminó por fin la pesadilla del Espectro.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El Silencio de la Noche (Parte 2)

A la mañana siguiente, por medio de los vecinos de la victima, la Brigada de Homicidios se encuentra en la escena del crimen realizando sus peritajes.
Saben que se trata del Espectro, ya con esta es su novena victima, pero todavía no tienen descripción física, huellas, ni datos para buscar al silencioso homicida.
Uno de los agentes más jóvenes y casi nuevo en el cuerpo, comienza a darle arcadas viendo el cuerpo apuñalado, se sujeta el estomago y se dirige al baño, sus compañeros comienzan a reírse. Una vez que sale comienza a insultar al aire, jurando que va a encontrar al Espectro, todos comienzan a mirarlo raro. El Sub-comisario Navarro le ordena que se calme y le indica al Principal Cáceres que junte todos los datos y que archive el caso en la carpeta “El Espectro”.
Terminado el turno laboral, el joven agente se encuentra con una noche tranquila y estrellada. Carga su mochila en un solo hombro, saluda a los compañeros en la puerta y camina silbando bajo. Estando a una cuadra de la parada del colectivo, solo se escuchan sus pasos, rápidos y ligeros, eso lo puso algo nervioso. Su frente comenzó a transpirar, de golpe sintió que una gota helada de sudor le recorrió la espina dorsal, cuando se dio cuenta de que su sombra se había ensanchado, al momento de darse vuelta… un golpe en el estomago le corto el aire. En su vista confusa logró distinguir una silueta de color negro, que se venía acercando alzando su mano.
- Vos… sos… vos… sos…- apenas logró balbucear la frase.
El Espectro no se hizo esperar, su puñal realizó unas 13 perforaciones, tomó la mochila de la victima y dejó el cuerpo inmóvil en medio del baño de sangre.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sidón, El guerrero

Capítulo 1 - Enfrenta a Legión
Sidón, el guerrero de la nación de Vajeho, en su recorrido reclutando fieles soldados para Su Ilustrísima, entra en un pequeño pueblo de granjeros y este es bien recibido, los niños que se encontraban jugando entre los hatos de cerdos, tomaron la mano del extranjero para escoltarlo hasta el viejo aljibe, para que se siente sobre las húmedas piedras y descanse y pueda saciar su sed. Más al instante, una multitud rodeó al conocido soldado, algunos le dieron de comer y beber, sabiendo que no solo es el más fiel a Su Ilustrísima… sino además su propio hijo. Otros le negaban un sorbo de agua, pero era solo su propia incredulidad y desconfianza a las hazañas de Sidón. Pero él no dividió a su público y a todos les habló por igual.

- Son tiempos difíciles, pero el enemigo se acrecienta y se hace más fuerte… para serle fiel a mi Padre, deben dejar sus vidas atrás y seguirme… solo así podremos vencer a las fuerzas de Belcebú, Príncipe de los demonios.

Todos se miraban, balbuceaban bajo generando un murmullo leve. Hasta que algunos se animaron a preguntar…

- ¿Cómo podemos nosotros combatir a los demonios, si solo somos granjeros?
- Si hablas sin fe, antes de pelear, entonces, no pelees… pues antes de ser yo un soldado de Su Ilustrísima, fui un simple carpintero… y fue mi fe y mi fidelidad a mi Señor quien me hizo ganar las más terribles batallas.

Todos callaron y miraron al suelo. De en medio de la multitud, un hombre de mayor edad, se hizo paso hasta llegar a Sidón. Se paro en frente, luego se arrodilló como pudo, manteniendo su mirada al suelo.

- Noble granjero, agradezco tu respeto, pero para hablarme no tienes que bajar la mirada, alza tu rostro, mírame a los ojos y háblame.

El anciano obedeció.

- Sidón, gran guerrero de Su Ilustrísima, yo ya no puedo servir para el combate, tan solo soy un viejo granjero, pero se que mi hijo podría ayudarte a combatir las fuerzas de Belcebú.
- Noble granjero, nadie es inútil para mi Padre, que también es tu Señor. Pero acepto conocer a tu hijo… ¿Cómo se llama?
- Su nombre es Naín, pero hace un tiempo que se llama… Legión
- ¿Legión?... ¿y por que se hace llamar así?
- Él ha sido poseído por mil demonios de las fuerzas de Belcebú, los más fuertes del pueblo lograron encadenarlo a los dos árboles mas viejos y con raíces más profundas… pero su fuerza se volvió extraordinaria y los arranco con raíces y todo. Ahora vaga por el Viejo Bosque en los alrededores del pueblo.
- Es bastante peligroso que siga suelto.

Varios hombres dieron un paso al frente, y uno habló.

- Si logras detener a Legión te seguiremos… y los ancianos y mujeres nos alimentaran y cuidaran de los enfermos.
- Legión debe ser detenido, y las fuerzas de Belcebú disminuidas… pero Su Ilustrísima no quiere que lo sigan por conveniencia, sino por fe.
- Por fe, seguiremos a nuestro Señor – gritaron varias personas, que formaban una gran voz.

Sidón se acercó al aljibe, llenó su cantimplora con agua y antes de taparla, cerró sus ojos y comenzó a orar, profundamente, hasta llorar.

Así fue como Sidón, se adentró en el Viejo Bosque, con una tarde gris, con un sol opacado, un silencio a muerte, ningún ser viviente hacía aparición. Luego de caminar por largo tiempo, algo alertó al guerrero de Vajeho, que tomó su arco, de la mochila de su espalda tomó una flecha y comenzó a caminar casi agachado y sigilosamente. Cerró los ojos, comenzó a orar, un chirrido agudo que provino de un árbol quebró el silencio a muerte, Sidón con un movimiento ágil, tensó la flecha y disparó. Un ave bastante gorda quedó ensartada al árbol con un tiro preciso.

- Gracias Señor por el alimento… bueno, hora de comer… y de llamar a Legión.

Luego de un rato, Sidón preparó el fuego, desplumó el ave y la acercó a las brasas. El humo se hizo intenso, el olor que desprendía la carne jugosa se torno delicioso, así que cerró sus ojos, mientras oraba, realizó una pequeña gesticulación con la comisura de su labio que se transformo en una leve sonrisa… pues lo que se oía a distancia como una estampida acercándose, sabía que era Legión que fue tentado por el olor a comida, poseído o no, seguía siendo humano.

- Por fin nos conocemos, gran guerrero de Su Ilustrísima – habló desde lo alto una voz grave, deformada.
- Deja ese cuerpo Legión, pues no te pertenece – le indicó Sidón decidido, imponiendo su autoridad, elevando su vista, para encontrar un joven de largos cabellos, con un físico privilegiado, no propio de un granjero, pero con rasgos destrozados, con cejas arqueadas hacia abajo, de su boca que larga pus mientras respira agitadamente, un digno soldado de Belcebú.
- ¿Qué tienes en contra mío, gran guerrero de Vajeho?
- Te dí una orden, deja ya ese cuerpo
- No me desafíes ciegamente guerrero, pues soy mucho más hábil y fuerte que esa ave.
- Tú tampoco me subestimes, pues mi fe es más sólida que las cadenas y más profunda que las raíces de los árboles que destrozaste.

La provocación fue tal que Legión mostró un gesto enfurecido y lanzó un grito que hizo temblar al bosque. Saltó del árbol, con sus garras hacia adelante decido a dar muerte a Sidón, pero el guerrero fue rápido en disparar una flecha que no fue tan certera, ya que no pudo detener a la bestia, pero al menos provocó un pequeño corte en un brazo y con eso era suficiente. Fue así que Legión lo derribó con toda la violencia del impacto, y comenzó a golpearlo. Sidón no quería lastimar el cuerpo de Naín, para que no sufriera una vez exorcizado, así que tomo con una mano su garganta con toda su piel descascarada y apretó. Legión comenzó a asfixiarse, se volvió mas violento, pero Sidón con su otra mano, sacó una flecha y usándola de la lanza, provocó un corte bastante profundo esta vez en el otro brazo de Legión. Sidón fue liberado cuando Legión mientras se quejaba a gritos desesperados por el corte, apretaba las heridas de las que emanaba una sangre oscura y viscosa, fue el momento oportuno para el guerrero de Su Ilustrísima, que se sacó su cantimplora y derramó el agua bendecida en el aljibe en las heridas de Legión. Un humo intenso salía de las heridas que comenzaron a cicatrizarse, y la sangre comenzó a tornarse en un tono escarlata.

- Este fue solo el primer paso Legión, pronto dejaras a Naín… sígueme.

Sidón comenzó a correr con todas sus fuerzas, Legión enfurecido lo empezó a seguir, pero mucho más lentos, sus brazos parecían no responder y se tornaron más humanos que el resto de su cuerpo. El guerrero de Su Ilustrísima llegó al pueblo, donde todos miraban atónitos y se preguntaban “¿Qué paso?”. Hasta que ven llegar a Legión y se meten dentro de sus casas, menos el padre de Naín, que se arrodilla llorando ante la imagen de su único hijo. Sidón toma su espada y desafía a Legión. La bestia se abalanzó furiosa como una estampida de búfalos, que terminó llevándose por delante al guerrero dejándolo inconsciente. Los miedosos testigos que espiaban por las aberturas de los postigos comenzaron a lloran, porque temían lo peor. Legión alzó sus brazos en señal de victoria y gritaba de jubilo, Sidón aprovechando el descuido en un rápido movimiento de su espada, con apenas el filo de la punta, logró provocar un fino corte sobre el pecho de Legión y sobre el corte derramó todo el contenido de su cantimplora.

- Ahora si, abandona ese cuerpo y ve al cuerpo que te mereces – Sidón se acerca al hato de cerdos y levanta uno, acercándolo a Naín, que comenzaba a gritar y realizar movimientos raros con su cuerpo. Hasta que una sombra deja el cuerpo de Naín, se eleva rápidamente y desesperada entra al cuerpo del cerdo. – ahora si estas donde te mereces.

El anciano granjero corrió hacia su hijo recién liberado de su pesadilla, lo abrazó llorando de alegría.

- Por las dudas no coman este cerdo, para que no les caiga mal – Sidón se acercó al granjero y su hijo.
- Gracias, gran guerrero de Vajeho – dirigiéndose a su hijo – Naín, el es Sidón, el te libero de las garras de la maldad de Belcebú.
Naín que todavía se encontraba algo aturdido por el shock, alzó su mirada, se arrodilló ante su salvador y comenzó a besarle los pies.

- Gracias… gracias… te seguiré gran guerrero.
- Deja tu anterior vida, Naín… y serás proveído por Su Ilustrísima.
- Así será, mi señor.

Mientras Naín se despedía de su padre, Sidón fue a buscar a aquellos que juraron seguirle si detenía a Legión, tan solo dos hombres creyeron en el guerrero hijo de Su Ilustrísima, los demás prácticamente lo echaron del pueblo por tildarlo de hechicero. Así sin más Sidón y sus acompañantes caminaron hasta su barca y se marcharon.
Mientras los dos granjeros remaban, Naín mira el rostro de Sidón que derrama una lágrima pero a la vez sonríe.

- ¿Qué pasa Sidón?
- Siento tristeza, pero al mismo tiempo felicidad… salí solo del reino de mi Padre, para reclutar fieles soldados, al entrar a tu pueblo creí que era como un pastor que tiene cien ovejas, y que cuando una se le pierde, se entristece y deja todo por ir a buscarla. Y que cuando la encuentra su alegría es doble, no solo por haberla encontrado, sino porque vuelve a tenerlas todas. Yo hoy tal vez perdí gran parte del rebaño, pero al menos me contenta de haber recuperado tres ovejas de el.

martes, 17 de noviembre de 2009

Infidelidad

El estudio era bastante acogedor... muy bien amueblado, con un gran ventanal con vista a la calle. En una amplia mesa la secretaria del Psicólogo teclea rápidamente en su computadora... hasta que rompió el silencio...
- ¡¡Siguiente!!...
Una señora de unos cuarenta y dos años, se levantó apuradamente y se dirigió al despacho del doctor... golpeo suavemente en la enorme puerta, espero la respuesta desde adentro y luego ingresó.
Sentado detrás de su escritorio... un hombre con una presencia profesional de unos treinta y ocho años, le hizo un ademán a su paciente para que se sentara... se saludaron respetuosamente y comenzó la sesión...
- Buen día, Señora... ehhmm Nilda… de Rojas... ¿puede ser?
- Si doctor, así es.
- Bueno cuénteme, ¿cuál es el problema que esta teniendo?
- Mire... con mi marido teníamos una buena relación... me trataba bien, igual que a los chicos... pero un día empezó a actuar extraño... mentía que se quedaba en el trabajo... ya no me atendía y hasta no le prestaba atención a los chicos...
- Siga, por favor...
- Hasta ahí, dentro de todo el clima estaba calmo... pero la cuestión empeoró, cuando una amiga mía, me comentó de haberlo visto con una… ¿Cómo decirlo?... “acompañante”... intenté no prestarle atención a lo que me dijo, pero era imposible... tenía un “algo” por dentro que me impulsó a sacarme la duda...
- ¿Qué fue lo que hizo entonces?
- Contraté a un persona de confianza, para que lo siguiera... y me confirmó mi sospecha... ¡¡mi esposo me engaña, doctor!!... – de repente una lagrima comenzó a deslizarse por su cara, y ella la hizo desaparecer con su pañuelo- no se imagina la indescriptible indignación que tuve, y que todavía tengo... es más, hasta... hasta tengo ganas de matarlo, por tan aberrante traición.
- Hmmm... la verdad es que me deja sin palabras... pero igual no debe cometer una locura y ensuciarse las manos... quizás lo mejor sea olvidar todo y empezar de nuevo.
- Pero doctor... ¿cómo pretende usted que me olvide de quince años de matrimonio?... las noches que me desvelé para atenderlo cuando se enfermaba... cuando se quedó sin trabajo, hicimos hasta lo imposible para salir adelante... y ahora me viene a engañarme con otra mujer...
- Nilda, escúcheme... esta claro que para la mayoría de las parejas estables, la infidelidad rompe la confianza absoluta depositada en el otro, y es difícil recuperarla... pero la verdad es que, a la vista de la evolución del matrimonio, no podemos dejar de pensar que el ser humano es ambivalente... por una parte desea ser fiel... pero lo cierto es que parece ahogarse en una relación prolongada y busca la variedad.
- Me lo dice tan tranquilo, por que no le sucedió a usted...
- Eso no tiene nada que ver, quitarle la vida a un cónyuge no es la solución más viable a los problemas personales... lo mejor sería, intentar olvidarlo de a poco... y comenzar su vida de nuevo sin descuidar el cariño de sus hijos.
- O sea, ¿que usted quiere que mire a otro lado, mientras el se ríe de mí?...
- Nadie se ríe de usted Nilda... pero ahora ¿comprobó si el le fue infiel con una “profesional” o acaso mantiene una relación estable?
- Y... se encuentran casi todas las tardes... para usted ¿eso es una “profesional” o una pareja estable?
- ¿Cómo sabe que se ven por las tardes?
- No le conté que contraté a una persona de confianza... lo siguió casi por dos semanas y todas las fotos que sacó son con la misma mujer...
- ¿Tiene fotos?... interesante… ¿Las puedo ver?
- Por supuesto.
Nilda comienza a revolver sus pertenencias dentro de su cartera, hasta que saca un sobre A4 de papel madera y se lo alcanza a su Psicólogo. Este lo abre y observa detenidamente las fotos... de repente su expresión cambió... su rostro se torno lúgubre, cambiando rápidamente a un tono agresivo. Arrojó el sobre con furia sobre el escritorio... se levanto de su silla y tomó el saco del perchero.
- Bueno... ¡aquí termina la sesión!- exclamó cortante el doctor.
- ¿Cómo que acá finaliza?... ¿entonces... que hago con mi marido?
- Usted haga lo que quiera... ¡¡YO VOY A MATAR A MI ESPOSA!!

domingo, 1 de noviembre de 2009

La Jaula

Otra noche más en esta húmeda y comprimida habitación, en la que mi cuerpo reposa hace ya cinco lunas. No tengo contacto alguno con el exterior, solo una pequeña ventana abarrotada, deja que entre algo de libre oxígeno y es la que me avisa cuando es de día y cuando oscurece. Tan solo tengo aquí dentro un colchón todo roñoso y una frazada no más impecable. Hace un instante las personas que se visten iguales y que actúan en forma agresiva, entraron por la pesada y chirriante puerta que se mantiene siempre cerrada, me trajeron lo que ellos llaman cena, aunque el frenético apetito me impulsó hacia la bandeja, para tratar de llenar el vacío de mi estomago, mi idea cambio cuando tome el trozo de pan, intenté darle fuertes mordiscos, pero pensé que mis dientes se rompían, quizás si lo arrojaba contra la pared la tiraría abajo. Con el agua no me fue distinto, ya que pensé que bebía fango y lamentablemente tuve que escupirla, pero en forma silenciosa, porque si las personas que visten iguales ven que tiro la cena, me van a agregar más marcas escarlata sobre todo mi cuerpo. Así que me siento sobre el fino y mugroso colchón que ni siquiera es capaz de frenar la intensidad glacial que proviene del piso en forma dominante, enlazo mis manos, solo me queda orar para que termine mi sufrimiento de una forma u otra.

lunes, 19 de octubre de 2009

El Título

El bar estaba completamente desierto, hasta que llegaron cuatro personas… tres hombres y una mujer. Los cuatro son escritores y están por hacer una reunión previa antes de presentar su material ante una editorial. Hacen una seña al mozo para que se acerque.
Mientras Silvia deja su abrigo en el respaldo de su silla, Gustavo busca sus copias en la mochila, Carlos las esta sacando de una carpeta y Nicolás ya las tenía en su mano. Cuando los cuatro depositan sus trabajos en la mesa, se arrima el mozo con un anotador y un lápiz.
- ¿Qué se van a servir? – pregunta este cortésmente.
- Traiga una ronda de café, por favor – responde Carlos.
- Muy bien... disculpen el atrevimiento, pero ¿son escritores? – continua la conversación mientras anota el pedido.
- Así es... o al menos lo intentamos – contesta Silvia en forma de chiste, y los demás comienzan a reírse festejando su respuesta.
- Yo siempre soñé publicar un libro, pero no soy muy bueno escribiendo, entre el bar, que ahora esta vacío pero a veces es un mundo de gente, y la familia, que si no es mi esposa son mis hijos, no tengo tiempo suficiente para dedicarle. La verdad que los envidio.
- Podría traer los cafés antes de que nos vayamos por favor – Gustavo siempre en forma cortante.
- En seguida se los traigo - resignado el mozo, da media vuelta y se retira.
Los cuatro escritores comienzan a exponer sus opiniones, y comienzan a organizar lo que sería la tapa, contra tapa, que escribirían en el prologo. Y la discusión comienza cuando entra en conflicto el titulo, cada uno venía con alguno preparado, pero otro argumentaba un mini discurso para que se quiten esa idea de la cabeza. En medio de la discusión aparece el mozo, y en una bandeja de plata traía lo que habían encargado.
- ¿Podrían poner las hojas en una esquina de la mesa?, así puedo poner las cosas – pregunto respetuosamente.
Nicolás en forma callada se encarga de juntar todos los trabajos, y entonces el mozo comienza a descender en la mesa, todo el pedido.
- Les comente que tengo un amigo que trabaja en una editorial, que siempre me insiste que escriba, que él se encargaría de publicarlo… es un muy buen contacto, se que cuando tenga algo lo voy a ver – comento con la intención de continuar la charla.
- No, no lo dijo y nosotros también tenemos contactos en una editorial para poder publicar, si ya termino puede retirarse – Gustavo siempre tan “cortes”.
Una vez terminados los cafés, la discusión se prolongó un rato, hasta que Nicolás comienza a sentirse mareado y preocupa a los demás, lo sigue Gustavo, que siente que se le cierran las vías respiratorias, Silvia es la siguiente, que se desploma en el piso. Del temor, Carlos intenta salir corriendo, pero es demasiado tarde, su café también estaba envenenado. Con su último aliento puede ver al mozo, que se acerca a la mesa, toma los trabajos de los cuatro y se le acerca.
- Gracias, por los escritos... me voy corriendo a ver a mi amigo y poder cumplir mi sueño, y no se preocupen por el titulo que lo voy a pensar camino a la editorial. – se marcho alegremente pronunciando nombres al aire como si estuviera hablando con otra persona.

lunes, 12 de octubre de 2009

Frase de Robert Rodríguez

"Lo que tienen que aprender es que ser creativos no es lo único. Tienen que convertirse en técnicos. La gente creativa nace con eso. La gente técnica no puede ser creativa, es algo que nunca tendrán. Hay mucha gente creativa que no quiere aprender cómo ser técnica, así que termina dependiendo de la gente técnica. Conviértanse en técnicos, lo pueden aprender, y si son creativos y técnicos serán imparables"

Robert Rodríguez: Guionista y Director norteamericano, que se caracterizó por hacer películas de bajo presupuesto. Entre ellas están: La trilogía del Mariachi, Planet Terror, Sin City, Del Crepusculo al Amanecer.