"Los sabios heredarán honra, más los necios llevarán ignominia"

(Proverbios 3:35)

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sidón, El guerrero

Capítulo 1 - Enfrenta a Legión
Sidón, el guerrero de la nación de Vajeho, en su recorrido reclutando fieles soldados para Su Ilustrísima, entra en un pequeño pueblo de granjeros y este es bien recibido, los niños que se encontraban jugando entre los hatos de cerdos, tomaron la mano del extranjero para escoltarlo hasta el viejo aljibe, para que se siente sobre las húmedas piedras y descanse y pueda saciar su sed. Más al instante, una multitud rodeó al conocido soldado, algunos le dieron de comer y beber, sabiendo que no solo es el más fiel a Su Ilustrísima… sino además su propio hijo. Otros le negaban un sorbo de agua, pero era solo su propia incredulidad y desconfianza a las hazañas de Sidón. Pero él no dividió a su público y a todos les habló por igual.

- Son tiempos difíciles, pero el enemigo se acrecienta y se hace más fuerte… para serle fiel a mi Padre, deben dejar sus vidas atrás y seguirme… solo así podremos vencer a las fuerzas de Belcebú, Príncipe de los demonios.

Todos se miraban, balbuceaban bajo generando un murmullo leve. Hasta que algunos se animaron a preguntar…

- ¿Cómo podemos nosotros combatir a los demonios, si solo somos granjeros?
- Si hablas sin fe, antes de pelear, entonces, no pelees… pues antes de ser yo un soldado de Su Ilustrísima, fui un simple carpintero… y fue mi fe y mi fidelidad a mi Señor quien me hizo ganar las más terribles batallas.

Todos callaron y miraron al suelo. De en medio de la multitud, un hombre de mayor edad, se hizo paso hasta llegar a Sidón. Se paro en frente, luego se arrodilló como pudo, manteniendo su mirada al suelo.

- Noble granjero, agradezco tu respeto, pero para hablarme no tienes que bajar la mirada, alza tu rostro, mírame a los ojos y háblame.

El anciano obedeció.

- Sidón, gran guerrero de Su Ilustrísima, yo ya no puedo servir para el combate, tan solo soy un viejo granjero, pero se que mi hijo podría ayudarte a combatir las fuerzas de Belcebú.
- Noble granjero, nadie es inútil para mi Padre, que también es tu Señor. Pero acepto conocer a tu hijo… ¿Cómo se llama?
- Su nombre es Naín, pero hace un tiempo que se llama… Legión
- ¿Legión?... ¿y por que se hace llamar así?
- Él ha sido poseído por mil demonios de las fuerzas de Belcebú, los más fuertes del pueblo lograron encadenarlo a los dos árboles mas viejos y con raíces más profundas… pero su fuerza se volvió extraordinaria y los arranco con raíces y todo. Ahora vaga por el Viejo Bosque en los alrededores del pueblo.
- Es bastante peligroso que siga suelto.

Varios hombres dieron un paso al frente, y uno habló.

- Si logras detener a Legión te seguiremos… y los ancianos y mujeres nos alimentaran y cuidaran de los enfermos.
- Legión debe ser detenido, y las fuerzas de Belcebú disminuidas… pero Su Ilustrísima no quiere que lo sigan por conveniencia, sino por fe.
- Por fe, seguiremos a nuestro Señor – gritaron varias personas, que formaban una gran voz.

Sidón se acercó al aljibe, llenó su cantimplora con agua y antes de taparla, cerró sus ojos y comenzó a orar, profundamente, hasta llorar.

Así fue como Sidón, se adentró en el Viejo Bosque, con una tarde gris, con un sol opacado, un silencio a muerte, ningún ser viviente hacía aparición. Luego de caminar por largo tiempo, algo alertó al guerrero de Vajeho, que tomó su arco, de la mochila de su espalda tomó una flecha y comenzó a caminar casi agachado y sigilosamente. Cerró los ojos, comenzó a orar, un chirrido agudo que provino de un árbol quebró el silencio a muerte, Sidón con un movimiento ágil, tensó la flecha y disparó. Un ave bastante gorda quedó ensartada al árbol con un tiro preciso.

- Gracias Señor por el alimento… bueno, hora de comer… y de llamar a Legión.

Luego de un rato, Sidón preparó el fuego, desplumó el ave y la acercó a las brasas. El humo se hizo intenso, el olor que desprendía la carne jugosa se torno delicioso, así que cerró sus ojos, mientras oraba, realizó una pequeña gesticulación con la comisura de su labio que se transformo en una leve sonrisa… pues lo que se oía a distancia como una estampida acercándose, sabía que era Legión que fue tentado por el olor a comida, poseído o no, seguía siendo humano.

- Por fin nos conocemos, gran guerrero de Su Ilustrísima – habló desde lo alto una voz grave, deformada.
- Deja ese cuerpo Legión, pues no te pertenece – le indicó Sidón decidido, imponiendo su autoridad, elevando su vista, para encontrar un joven de largos cabellos, con un físico privilegiado, no propio de un granjero, pero con rasgos destrozados, con cejas arqueadas hacia abajo, de su boca que larga pus mientras respira agitadamente, un digno soldado de Belcebú.
- ¿Qué tienes en contra mío, gran guerrero de Vajeho?
- Te dí una orden, deja ya ese cuerpo
- No me desafíes ciegamente guerrero, pues soy mucho más hábil y fuerte que esa ave.
- Tú tampoco me subestimes, pues mi fe es más sólida que las cadenas y más profunda que las raíces de los árboles que destrozaste.

La provocación fue tal que Legión mostró un gesto enfurecido y lanzó un grito que hizo temblar al bosque. Saltó del árbol, con sus garras hacia adelante decido a dar muerte a Sidón, pero el guerrero fue rápido en disparar una flecha que no fue tan certera, ya que no pudo detener a la bestia, pero al menos provocó un pequeño corte en un brazo y con eso era suficiente. Fue así que Legión lo derribó con toda la violencia del impacto, y comenzó a golpearlo. Sidón no quería lastimar el cuerpo de Naín, para que no sufriera una vez exorcizado, así que tomo con una mano su garganta con toda su piel descascarada y apretó. Legión comenzó a asfixiarse, se volvió mas violento, pero Sidón con su otra mano, sacó una flecha y usándola de la lanza, provocó un corte bastante profundo esta vez en el otro brazo de Legión. Sidón fue liberado cuando Legión mientras se quejaba a gritos desesperados por el corte, apretaba las heridas de las que emanaba una sangre oscura y viscosa, fue el momento oportuno para el guerrero de Su Ilustrísima, que se sacó su cantimplora y derramó el agua bendecida en el aljibe en las heridas de Legión. Un humo intenso salía de las heridas que comenzaron a cicatrizarse, y la sangre comenzó a tornarse en un tono escarlata.

- Este fue solo el primer paso Legión, pronto dejaras a Naín… sígueme.

Sidón comenzó a correr con todas sus fuerzas, Legión enfurecido lo empezó a seguir, pero mucho más lentos, sus brazos parecían no responder y se tornaron más humanos que el resto de su cuerpo. El guerrero de Su Ilustrísima llegó al pueblo, donde todos miraban atónitos y se preguntaban “¿Qué paso?”. Hasta que ven llegar a Legión y se meten dentro de sus casas, menos el padre de Naín, que se arrodilla llorando ante la imagen de su único hijo. Sidón toma su espada y desafía a Legión. La bestia se abalanzó furiosa como una estampida de búfalos, que terminó llevándose por delante al guerrero dejándolo inconsciente. Los miedosos testigos que espiaban por las aberturas de los postigos comenzaron a lloran, porque temían lo peor. Legión alzó sus brazos en señal de victoria y gritaba de jubilo, Sidón aprovechando el descuido en un rápido movimiento de su espada, con apenas el filo de la punta, logró provocar un fino corte sobre el pecho de Legión y sobre el corte derramó todo el contenido de su cantimplora.

- Ahora si, abandona ese cuerpo y ve al cuerpo que te mereces – Sidón se acerca al hato de cerdos y levanta uno, acercándolo a Naín, que comenzaba a gritar y realizar movimientos raros con su cuerpo. Hasta que una sombra deja el cuerpo de Naín, se eleva rápidamente y desesperada entra al cuerpo del cerdo. – ahora si estas donde te mereces.

El anciano granjero corrió hacia su hijo recién liberado de su pesadilla, lo abrazó llorando de alegría.

- Por las dudas no coman este cerdo, para que no les caiga mal – Sidón se acercó al granjero y su hijo.
- Gracias, gran guerrero de Vajeho – dirigiéndose a su hijo – Naín, el es Sidón, el te libero de las garras de la maldad de Belcebú.
Naín que todavía se encontraba algo aturdido por el shock, alzó su mirada, se arrodilló ante su salvador y comenzó a besarle los pies.

- Gracias… gracias… te seguiré gran guerrero.
- Deja tu anterior vida, Naín… y serás proveído por Su Ilustrísima.
- Así será, mi señor.

Mientras Naín se despedía de su padre, Sidón fue a buscar a aquellos que juraron seguirle si detenía a Legión, tan solo dos hombres creyeron en el guerrero hijo de Su Ilustrísima, los demás prácticamente lo echaron del pueblo por tildarlo de hechicero. Así sin más Sidón y sus acompañantes caminaron hasta su barca y se marcharon.
Mientras los dos granjeros remaban, Naín mira el rostro de Sidón que derrama una lágrima pero a la vez sonríe.

- ¿Qué pasa Sidón?
- Siento tristeza, pero al mismo tiempo felicidad… salí solo del reino de mi Padre, para reclutar fieles soldados, al entrar a tu pueblo creí que era como un pastor que tiene cien ovejas, y que cuando una se le pierde, se entristece y deja todo por ir a buscarla. Y que cuando la encuentra su alegría es doble, no solo por haberla encontrado, sino porque vuelve a tenerlas todas. Yo hoy tal vez perdí gran parte del rebaño, pero al menos me contenta de haber recuperado tres ovejas de el.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno Gus, un abrazo.

Ladry d DlViso

La Garrapata Vegetariana dijo...

Fijate donde dice "Sidón fue liberado cuando Legión mientras se quejaba a gritos desesperados por el corte" que algo suena mal...

Buen cuento, aunque demasiado "ilustrísimo" :P

Gus Manzai dijo...

Gracias Ladry por el comentario. Igual que usted Mr. Garrapata, se me pasó por alto el detalle, suerte que usted esta para eso.